Anticuerpos (producidos por linfocitos B) y glóbulos rojos en un vaso sanguíneo.
Tanto es así, que las células o linfocitos T y B, implicadas en la
inmunidad adaptativa son entrenadas para no atacar a nuestros propios tejidos. En los lugares en los que van madurando (el timo y la médula ósea) se produce una selección "despiadada" de los linfocitos. Todos aquellos que no hayan aprendido la lección y confundan amigos con enemigos serán eliminados y no llegarán a provocar ningún daño sobre el cuerpo.
Sin embargo, a veces ocurre que el proceso de selección no es suficiente. Algunas células T y B escapan del estricto control de maduración y provocan daños sobre el propio cuerpo dando lo que conocemos como una enfermedad autoinmune. El lupus, la diabetes tipo I y la celiaquía son ejemplos famosos de procesos autoinmunes. En estas enfermedades, el sistema inmune enloquece y confunde a los tejidos normales del cuerpo humano con organismos extraños.
En el lupus, el riñón, la piel y las articulaciones son las principales víctimas del sistema inmune. En la diabetes tipo I, los islotes pancreáticos (productores de insulina) son destruidos a manos del propio sistema inmunológico. Y, en la celiaquía, el intestino delgado sufre cada vez que los linfocitos se encuentran frente al gluten.
Al final, la causa de todos los males en las enfermedades autoinmunes se encuentra en un único proceso: La identificación. Igual que los policías solicitan tu DNI para comprobar si eres un delincuente o un ciudadano normal, los linfocitos reconocen a un tejido o microorganismo como amigo o enemigo gracias a su
epítopo. De rutina, los linfocitos van comprobando los epítopos de todas las estructuras y en cuanto encuentran alguno que no coincide con los epítopos de los tejidos del cuerpo humano, se declara enemigo y es destruido. Eso es lo que ocurre por ejemplo, en los rechazos a transplantes o, sin ir más lejos, en las infecciones de cualquier tipo. Sin embargo, los policías o linfocitos en las enfermedades autoinmunes, que no han sido correctamente adiestrados, salen de la comisaría cumpliendo su deber con grandes fallos y no sabiendo reconocer los epítopos de todos los amigos, pasando algunos a ser identificados como enemigos.
A primera vista y dejando a un lado a los linfocitos novatos, podría parecer un sistema ingenioso, perfecto y libre de errores, pero no es así. A veces, los policías se convierten en guerrilleros y, en nombre de la defensa de una población, sacrifican a civiles como resultado del
daño colateral de una guerra. Esto es lo que ocurre en lo que llamamos "Reacciones Cruzadas". Para sacrificar al enemigo, los linfocitos tienen que poner en juego la vida de los amigos y, como resultado de la batalla, mueren tanto culpables como inocentes.
El conocimiento de las reacciones cruzadas es relativamente nuevo en medicina. No hace mucho que se sabe que algunas enfermedades están causadas por esas reacciones e incluso en otras se están descubriendo su posible papel en la actualidad. Entre los ejemplos más llamativos encontramos los siguientes:
Estreptococo del grupo A (EGA),
glomerulonefritis y
fiebre reumática: El EGA es más conocido por su importante papel en la producción de faringitis y amidgalitis bacteriana. En algunas ocasiones, en la lucha del sistema inmune frente al estreptococo, daña también a los riñones (glomerulonefritis) y a las articulaciones (fiebre reumática). Todo esto se debe a que el DNI o epítopo del EGA es muy similar a los epítopos de algunas moléculas de las articulaciones y riñones. De ahí que el proceso de identificación resulte un fracaso y los policías se conviertan en guerrilleros atacando tanto al EGA, como a los riñones y a las articulaciones por compartir un mismo epítopo.
Varicela y
esclerosis múltiple: Se trata de un
descubrimiento muy reciente que aún tiene que ser más estudiado. Según esta nueva teoría, la infección por la varicela llevaría al sistema inmune de determinadas personas a una reacción cruzada contra el cerebro, destruyendo la envoltura de los nervios (la mielina) progresivamente.
Campylobacter y Guillain-Barré: La infección por esta bacteria, que normalmente produce diarrea, llevaría al sistema inmune a atacar también al sistema nervioso periférico produciendo la destrucción de la mielina, lo que lleva a una parálisis progresiva del cuerpo. También hay otros virus relacionados con este proceso de reacción cruzada.
Y es que cuando nuestro sistema inmune pierde los papeles en las reacciones cruzadas, se lleva por delante aquello que defiende. La persona pasa a ser entonces el daño colateral de una guerra frente a virus y bacterias.